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¿Pero quiénes generan la violencia?

03. 04. 2006 / Este artículo ha sido escrito mientras el autor era Director Ejecutivo del Foro Mundial de Pescadores y Trabajadores de la Pesca.

 

Desierto verde, derecho sobre la tierra y el agua, pueblos originarios, lucha de pueblos.

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El 8 de marzo en el Estado Rio Grande do Sul, en Brasil, las mujeres campesinas denunciaron a la comunidad internacional su rechazo al desierto verde y a los crímenes ambientales de las grandes empresas. Ahora el Estado aplica la represión contra las víctimas de esos mismos crímenes. La violencia se ha instalado desde hace muchos años en las calles y en las plazas de los pueblos de todos los continentes de la tierra. Miles de hombres y de mujeres sufren los efectos de un modelo que legitima los bienes de consumo y deslegitima todo aquello que tenga factura humana. No importa cuántas sean las víctimas y menos importa sus caras o sus historias. Todo, absolutamente todo, debe convertirse en dinero y en ese juego no hay lugar para los sueños humanos. En Brasil, las mujeres campesinas dieron un golpe a la industria en Aracruz, no hicieron más que defender sus derechos y el de sus familias. Pusieron la vida por sobre los intereses de lucro de la empresa, pero al mismo tiempo han dejado al descubierto las formas de operación que el sistema tiene para defenderse. Una peligrosa mezcla entre poder político y poder económico.

 

Indígeneas repoblan su tierra ancestral en medio de los eucaliptos, previo a un acuerdo con una compañía de celulosa. 

Foto: Valter Campanato / Apr

 

Ahora los defensores del orden establecido rasgan vestiduras por la paz y en contra de la violencia y por el respeto a la propiedad privada. Propiedad P R I V A D A que no tiene reparo alguno en invadir los espacios públicos del planeta, usufructuar de la naturaleza y explotar a millones de hombres y mujeres; y esa explotación no es violencia, lo llaman en leguaje moderno de varias formas: entregar oportunidades a los pobres, crear condiciones para superar la pobreza, lo llaman emprendimiento, superación, empleo precario. Es decir en Aracruz la empresa a través de sus laboratorios, semillas y plantíos, lo que estaba haciendo era un bien al Estado de Río Grande del Sur, a Brasil y a la humanidad. Y he aquí estas mujeres destructoras, guiadas por oscuros intereses, gobernadas por la violencia, que no han comprendido nada del comercio internacional, de la noche a la mañana asaltan sus instalaciones y destruyen este bien de la humanidad. Mientras los consorcios siguen expandiéndose por el mundo, la Unión Europea por ejemplo (exportadora de sus crisis y de sus capitales) crea un Fondo de adaptación a la globalización, que les permita atender a los trabajadores que son desplazados de sus empleos.

 

Los países comunitarios podrán hacer uso de ese fondo siempre y cuando en un sector productivo haya más de un millón de desplazados. Es decir, los mismos que nos venden la idea de la globalización neoliberal, toman buen recaudo de ella misma. La UE advierte que si las tendencias internacionales no cambian, el mundo podrá ser controlado en menos de 20 años por los dueños del petróleo y el gas y llaman a tomar severas medidas de ajuste ante tan escandalosa forma de echarse al bolsillo al planeta completo. No digamos nada sobre la venta de cuotas de gas carbónico, o sobre los subsidios, o sobre el terrorismo de Bush. ¿Y sobre el hambre de 850 millones de personas?, ¿Y sobre las semillas suicidas?, ¿Y sobre la privatización del agua?; ¿Y sobre la privatización de océanos y sus recursos? Mientras tanto en un rincón de Brasil las fuerzas políticas condenan a las mujeres, a los movimientos sociales, se compadecen de la empresa afectada y utilizan a la fuerza pública contra su propio pueblo. Brillante, espectacular, un aplauso para el gobernador del Estado y para el gerente afectado. Pero nunca nadie ha podido vencer la fuerza de los pueblos y nadie ha podido, en última instancia, acallar la vida. No sólo resistiremos, sino que avanzamos sobre una nueva forma de vivir en el planeta. Somos millones en todo el mundo que decimos basta. ¿Quién genera entonces la violencia? Porque el hambre es violencia, el desierto verde es violencia, los niños muriéndose de enfermedades producto de la pobreza es violencia. ¿Eso cuesta 400 mil dólares?, ¿Cuesta 1000 millones de dólares?, ¿Cuanto cuesta un campesino sin tierra, un pescador sin mar, un indígena sin territorio?, ¿Cuánto cuesta amanecer con sueños cada día? ¿Quién paga a los millones de miserables que vagan por la tierra en busca de mejores días? La Ley no es sinónimo de justicia y la justicia nunca ha sido ciega y sorda como lo anunciaban los griegos y los romanos clásicos. Ha tenido ojos ver y orejas para escuchar a los que pueden pagarla.

 

Así, millones son víctimas también de ella por omisión o simplemente porque ya una buena parte de nosotros no somos sujetos de derecho, sino sólo sujetos productivos cuyo peso se puede establecer en la balanza del mercado mundial. Los Estados, a pesar de su reducida capacidad de maniobra, siguen teniendo una responsabilidad mayor en todo el orden de la vida social. Los movimientos sociales innumerables veces los hemos llamado directamente a emprender nuevo caminos, a valorara y proteger la vida y los derechos de los ciudadanos y a considerar que los gobiernos ejercen el poder precisamente en nombre de esos ciudadanos, los que luego de las votaciones se convierten en perfectos desconocidos para quienes alcanzan el poder. Pero no hay cambios reales porque los cambios no se perciben. Mientras tratamos de entregar al Estado una responsabilidad ética para la conducción de las naciones, ese mismo Estado no duda en atacar a los movimientos y convertirlos en criminales. La Conferencia Internacional de la FAO sobre Reforma Agraria y Desarrollo Rural, ha puesto en evidencia algunas cuestiones, sino importantes, a lo menos curiosas para la escena internacional: - No hay una percepción común en los organismos internacionales sobre la importancia estratégica de la Reforma Agraria y el desarrollo rural.

 

Existen algunas consideraciones obvias sobre su importancia relativa, que no alcanzan a variar los modos de crear y conducir políticas sobre el mundo rural, a pesar de los esfuerzos por abrir caminos al diálogo entre actores de la sociedad civil y los actores institucionales. - Los diálogos siguen siendo ficticios y por lo mismo, no son fuente de renovación de políticas y actitudes. Una cosa es que se sienten en un mismo panel siete representantes de la sociedad civil y siete gobiernos y otra muy diferente, es que los mensajes que envía la mayoría de las personas sea recibido y procesado por quienes tienen la obligación de escuchar a sus pueblos. - Muchas delegaciones oficiales no comprometen en nada la actuación de sus gobiernos, da la impresión que van a realizar una tarea forzada, de la que a penas exista ocasión hay que desprenderse rápidamente. - Se negocia la declaración oficial, que puede ser normal para quienes ejercen el oficio político y son expertos redactores, pero cuyo resultado a la hora de la verdad es bastante ridículo si se lo contrasta con todas las horas de negociación, de infraestructura, de recursos humanos y financieros y medidas de seguridad anexas. - La pobreza es una cifra y los fenómenos que afectan al mundo rural son producto de un exabrupto que puede explicarse por diversas razones, menos por las razones que todos conocemos y que muchos ocultan.

 

Se habla en un contexto parecido al del LIMBO que afortunadamente fue incluso abolido por el Vaticano, pero que no ha salido de las aulas oficiales de las cumbres internacionales. Así que no debe resultar extraño que si a un observador uno le pregunta qué hace Ud. y él contesta: yo observo; un delegado oficial puede responder perfectamente una vez que sale al pasillo a refrescarse: ando en el limbo. El Foro Tierra, Territorio y Dignidad fue una muestra contundente, clara y propositiva para comprender y valorar la diversidad y la acción conjunta. Con mucho menos que la Conferencia internacional, pudo argumentar sobre una estrategia de largo plazo perfectamente viable en un marco político adecuado. Ahora, continuamos caminado, caminado siempre, con la misma fuerza y la misma esperanza, porque ambas no dependen ni de los gobiernos, ni de la OMC, ni del Banco Mundial, sino que dependen de nosotros mismos y esa voluntad no está a la venta en ningún negocio del planeta. Es lo menos que debemos a las mujeres que marcharon en Porto Alegre y a las mujeres de todo el mundo que marchan cada día.

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