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La pesca artesanal en la discusión de la Soberanía Alimentaria (Parte 1 de 7)

Original publicado por la FAO, Abril, 2006

Documento Publicado mientras el autor era Director de la WFF

 

Figura 1. Joaquín Sorolla y Bastida - Los Pescadores Valencianos, 1895.

 

La pobreza, el hambre y la desnutrición no son resultado de la causalidad ni de la falta de un ordenamiento internacional adecuado, son el resultado de un proceso sistemático de exclusión de millones de personas al acceso a bienes productivos como la tierra, los bosques, el agua, la semilla, el conocimiento y el mar. Son la consecuencia directa de un ordenamiento internacional regido por las compañías transnacionales que ejerciendo el control financiero, presionan a los Estados para imponer en las políticas nacionales e internacionales sus propios intereses. Los promotores de este ordenamiento internacional, cuya máxima expresión se ha dado en esta última década de la globalización, esperaban incrementar el volumen de los intercambios, estimular el crecimiento económico, modernizar las economías y reducir la pobreza y el hambre en el mundo. Por el contrario, estas políticas han aumentado las ventas y ganancias de esos poderes económicos, mientras los países y pueblos en vías de desarrollo han incrementado su deuda externa y los sectores populares han aumentado sus niveles de pobreza, miseria y exclusión.

 

Antecedentes

 

La pesca forma parte de la memoria de la humanidad y constituye un elemento insustituible en la alimentación de millones de hogares, especialmente en los países en desarrollo e incluso en algunos desarrollados. Cada vez con mayor presencia en los mercados nacionales e internacionales, la estadística de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, FAO, y de los organismos especializados, revela la importante contribución que realiza la pesca a la seguridad alimentaria mundial y su papel relevante en la sustitución y complementariedad de los alimentos que tradicionalmente provienen de la agricultura.

 

Mil millones de personas alrededor del mundo confían en el pescado como su fuente de proteína primaria. Mientras que el consumo de pescado anual por persona en los países industrializados (en 29 kilogramos) es más de dos veces que el de países en vías de desarrollo, aunque tres cuartas partes de los recursos se capturaron en mar abierto (según peso) en los países en vías de desarrollo los que también proveen 9 de cada 10 pescados cultivados en piscifactorías.

 

Así, los pescados son una de las materias primas más extensamente negociadas. El 75% del desembarque marino total se vende en mercados internacionales cada año y está valorado en unos 58 mil millones de US$ en las exportaciones del 2002. Japón, Estados Unidos y la Unión Europea son los mayores importadores, trayendo a sus mercados pescados capturados en mares extranjeros o cultivados en otras regiones, y también enviando las flotas pesqueras industriales para vaciar los países en vías de desarrollo cercanos a las aguas. En la costa del oeste de África, por ejemplo, las grandes naves europeas y japonesas han desplazado los barcos más pequeños, dejando poca captura para alimentar a la población local.

 

La ironía es que los gobiernos subvencionan la destrucción de recursos oceánicos con cerca de 15-30 mil millones de US$ cada año. En el 2001, los subsidios pagados a la industria de la pesca en Japón alcanzaron los 2.500 millones de US$, lo que equivale al valor de un cuarto de la captura. Los subsidios de la pesca de Estados Unidos sumaron 1.200 millones de US$, excediendo el valor del 30% de la captura pesquera estadounidense.

 

La producción mundial de la pesca de captura y la acuicultura suministró alrededor de 101 millones de toneladas de pescado para el consumo humano en 2002, lo que equivale a un suministro per cápita aparente de 16,2 Kg. (equivalente de peso en vivo), cuyo crecimiento desde 2000 se debió a la acuicultura. Si no se tiene en cuenta la producción de China, el suministro total de pescado para consumo humano ha ido creciendo más lentamente que la población mundial; como consecuencia de ello, el suministro medio de pescado per cápita, excluido el de China, disminuyó de 14,6 Kg. en 1987 a 13,2 Kg. en 1992 y se ha mantenido estable desde entonces. Con todo, el pescado suministró a más de 2 600 millones de personas de todo el mundo al menos un 20 por ciento del aporte de proteínas animales per cápita.  La proporción de las proteínas de pescado en el suministro total de proteínas animales en el mundo llegó a aumentar del 14,9 por ciento en 1992 al nivel máximo del 16,0 por ciento en 1996 y se mantuvo cerca del mismo (15,9 por ciento) en 2001. Según estimaciones preliminares para 2003, basadas en las declaraciones de algunos de los principales países pesqueros, la producción pesquera mundial total disminuyó ligeramente (-1 por ciento) respecto a 2002. Sin embargo, la cantidad total de pescado para consumo humano aumentó, cifrándose en 103 millones de toneladas y, en promedio, el suministro per cápita se mantuvo invariado. La 4 disminución de la pesca de captura, consecuencia de la contracción de la actividad pesquera en algunos de los principales países productores de harina de pescado, fue compensada parcialmente con los aumentos registrados en otras pesquerías con propósito alimentario y en la acuicultura. China sigue siendo, con mucho, el mayor productor, ya que su producción pesquera declarada en 2002 ascendió a 44,3 millones de toneladas (16,6 millones y 27,7 millones de la pesca de captura y de la acuicultura, respectivamente), lo que, según las estimaciones, proporcionó un suministro interno para la alimentación humana de 27,7 kg per cápita, así como otras cantidades para la exportación y para fines no alimentarios.

 

Se calcula que la fuerza total de trabajo de las comunidades de pescadores artesanales alcanza 100 millones de personas en todo el mundo. Se supone que hay tres personas en trabajos conexos por cada pescador, lo que muestra el valor social, económico, político y ambiental de la pesca de pequeña escala. La pesca artesanal, al posibilitar una explotación más racional y equitativa de los recursos pesqueros, contribuye al mantenimiento de la biodiversidad de los ecosistemas marinos, favoreciendo la reproducción social de aquellos grupos humanos que dependen de ellos. El conocimiento ecológico de los pescadores es un rasgo particular de su cultura que posibilita un manejo adecuado de los recursos pesqueros, de este modo, es necesario preservar los aspectos socioculturales más relevantes implícitos en las pesquerías tradicionales manteniendo su vinculación con el ejercicio de la soberanía alimentaria en su vertiente marítima.

 

Comercio internacional

 

El valor total del comercio mundial de pescado y productos pesqueros aumentó a 58 200 millones de dólares EE.UU. (valor de exportación) en 2002, lo que representa un 5 por ciento más que en 2000 y un 45 por ciento más que en 1992. El volumen de las exportaciones declaradas fue de 50,0 millones de toneladas4 en 2002, lo que representa un ligero descenso (1,0 por ciento) con respecto a 2000. El volumen del pescado comercializado se ha mantenido igual en los últimos años, después de unos decenios de aumentos considerables, y no es probable que a corto plazo se repitan las tendencias ascendentes registradas en los años anteriores a 2000. Los pescadores y acuicultores representaban en 2002 el 2,8 por ciento de los 1 330 millones de personas económicamente activas en el sector agrícola en todo el mundo, frente al 2,3 por ciento en 1990. Este porcentaje es casi igual en la mayoría de los continentes, salvo en África, donde es sólo el 1,3 por ciento de la fuerza de trabajo agrícola total, y en América del Norte y Central, donde es superior en un 1 por ciento al promedio mundial. La pesca en aguas marinas y continentales dio trabajo a un 75 por ciento del total de los ocupados en el sector pesquero, mientras que el 25 por ciento restante se empleó en la acuicultura. En países en vías de desarrollo, constituye una actividad económica con un papel esencial en la creación de empleo y la fijación de población a sus áreas locales. Según datos de la FAO mientras el empleo en la agricultura en los países en vías de desarrollo creció un 35% en los últimos 25 años, en la pesca se ha doblado. En el caso de los países desarrollados, en cambio, se ha perdido durante este mismo periodo un tercio de la población dedicada a la pesca salvo en Islandia y Portugal. Los procesos productivos de la pesca artesanal posibilitan una redistribución más equitativa de los recursos naturales y de los ingresos, por la similar escala a la que trabajan todos los productores y por la modalidad de remuneración que emplean ("sistema a la parte"), normalmente a 5 partes iguales y en función de las capturas. En la pesca industrial, las embarcaciones se gestionan como empresas netamente capitalistas en las que los tripulantes participan como fuerza de trabajo por un salario más un porcentaje mínimo sobre las capturas. La división del trabajo por especializaciones dentro del barco genera también importantes diferencias económicas entre los tripulantes. Desde la mitad de la década de los ochenta el comercio internacional de productos derivados de la pesca ha experimentado un aumento considerable, tal como se aprecia en la información precedente. Dicho incremento debe atribuirse principalmente a la mayor demanda procedente de países desarrollados y al abaratamiento de los métodos de conservación y transporte. Otros factores también han contribuido al incremento de la producción, la aparición de Zonas Económicas Exclusivas (ZEE) de 200 millas y la reducción generalizada de los aranceles. En su mayor parte, las operaciones comerciales se realizan entre países en vías de desarrollo (exportadores) y países desarrollados (importadores). Si se toma como referencia el valor de la pesca, el 50 por ciento de las exportaciones proviene de países en desarrollo y un 20 por ciento de países con rentas reducidas y déficit alimentario.

 

La pesca a pequeña escala crea proporcionalmente más riqueza que la pesca industrial por una menor inversión en el costo de explotación y por el mayor valor unitario de las especies capturadas. En varios países de África, el Caribe y el Pacífico, la exportación de productos pesqueros, en su mayor parte procedentes de las pesquerías a pequeña escala, superan en valor a las exportaciones de té, café o cacao.

 

Vendedora de pescado en Vendor el mercado de pescado de Nyakrom en el Distrit Agona, Ghana.  Fotografía de Gina Gleeson

 

Prácticamente el 99% de las capturas artesanales tiene un aprovechamiento comercial o directamente para el consumo humano. Este punto es especialmente relevante pues, desde 1982, la Convención de la Ley del Mar (CONVEMAR) reconoce la importancia de los ecosistemas marinos en la biodiversidad de los océanos, la fragilidad de los mismos y la necesidad de protegerlos y preservarlos de una actividad pesquera a gran escala (Agenda 21, UNCED). De hecho, un gran número de países ya plantean modelos de gestión de pesquerías basados en los ecosistemas y tiende a reconocer el importante papel de las comunidades de pescadores artesanales, aunque de manera insuficiente. Sin embargo, la tendencia impuesta por las políticas neoliberales hace que continúen las prácticas industriales la que emplea estrategias y técnicas de extracción no selectivas que afectan negativamente los fondos marinos y los stocks de peces, capturando inmaduros y otras especies no comerciales (descartes) que se devuelven muertas al mar. La mortandad por la vía de los descartes supera en ocasiones al 90% de las capturas, como ocurre en las pesquerías de camarón en el Golfo de México.

 

Para las comunidades de pescadores de todo el mundo, la globalización impulsada por las políticas neoliberales ha significado una reducción drástica de los derechos de acceso a los recursos pesqueros, a las áreas tradicionales de pesca y a los espacios territoriales de la zona costera. A pesar de la dinámica creciente del mercado internacional de productos de la pesca, que en su mayoría provienen de la pesca de pequeña escala, el 95 por ciento de los pescadores artesanales viven con menos de 2 US$ al día. Los pescadores de los países en vías de desarrollo capturan 2/3 partes de los recursos pesqueros que participan del mercado mundial. Los gobiernos de los 10 países más ricos del mundo otorgan al 5 por ciento de los pescadores un 20 por ciento (15 mil millones de US$) de subvenciones para seguir capturando pescado. Se trata abiertamente de un caso de desigualdad que impide el desarrollo de un comercio libre y justo. 6

 

La Zona Costera, un espacio en conflicto

 

Un 20 % de la población mundial vive a menos de 25 km de la costa y un 39 % (2.200 millones de personas) a menos de 100 km. Esos 100 km de franja litoral representan sólo el 20 % de la superficie terrestre en todo el mundo. En esa franja de 100 km hasta la costa vive el 100 % de la población en Dinamarca, el 99 % en Gran Bretaña, el 88 % en Suecia y el 79 % en Italia. La creciente presión de uso, por ejemplo, mediante los parques eólicos y el turismo da lugar a conflictos cuya solución o minimización debe conseguirse mediante una planificación coordinada. Las zonas costeras presentan una gran diversidad estructural (playas y paisajes de dunas, acantilados, humedales, zonas intermareales, arrecifes de coral, manglares, bordes de hielo, estuarios y lagunas, etc.). Revisten una extraordinaria importancia como zona de transformación y depósito para los nutrientes y sustancias contaminantes terrestres; además, son un hábitat especial para animales y plantas. Como zona de transición entre la tierra y el mar poseen una gran biodiversidad y productividad. Al menos 250.000 de las más de 1,7 millones de especies de animales y plantas que se conocen viven en el mar, sobre todo en las aguas costeras. Los conflictos de uso se deben a factores como las energías alternativas, la acuicultura, el turismo, la salud pública, el tráfico, los puertos y las industrias marítimas, la protección de paisajes y del patrimonio cultural, la pesca costera, el acceso público a costas y playas, el crecimiento de los núcleos urbanos, la explotación de materias primas, la contaminación, la destrucción de hábitat y la pérdida de la biodiversidad, las catástrofes naturales y el cambio climático, la erosión costera y la gestión de aguas. De cara al futuro, esto significará no sólo una merma del estado natural de las zonas costeras, sino que también podrían perder sus funciones socioeconómicas y ecológicas.

 

Durante las décadas del 50 y 60, el avance tecnológico provocó que se quintuplicara el crecimiento de la pesca a nivel mundial. Sin embargo, a partir de la década del 70, la producción proveniente de la pesca de captura se ha mantenido en un nivel aproximado de 80-90 millones de toneladas métricas, según los registros de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). En la pesca marítima se ha producido cierto cambio entre los participantes principales. Durante los últimos años, una proporción cada vez mayor de la captura ha correspondido a países en vías de desarrollo, entre los cuales destacan China e India, de tal modo que actualmente la captura a nivel mundial de estos países es mayor que la de los países desarrollados. En contraste, durante el mismo período se produjo un aumento sostenido de la acuicultura. Los registros más recientes muestran que la producción general de la acuicultura ha aumentado a 28 millones de toneladas métricas al año. La mayor contribución proviene de China y del sur y sudeste de Asia, lugares donde la acuicultura es una tradición milenaria. En la actualidad se estima que cerca del 44% de las poblaciones de peces marítimas son explotadas al máximo y que un 16% de ellas son sobreexplotadas. Las tendencias demográficas indican que habrá una creciente presión sobre este recurso a medida que aumente la demanda global y una mayor cantidad de población busque el sustento en la pesca.

 

Con los ecosistemas oceánicos alcanzando Después de décadas del crecimiento, el volumen global de la pesca en alta mar alcanzó su cota máxima en el 2000 con 96 millones de toneladas y descendió a 90 7 millones de toneladas en 2003, el último año del que se disponen datos mundiales. La pesca por persona cayó de un promedio de 17 kilogramos a finales de los 80, a 14 kilogramos en el 2003, el nivel más bajo desde 1965.

 

Con la ampliación de las flotas pesqueras a finales de los 80 y con el desarrollo de tecnologías de localización y recolección de pescado cada vez más eficientes, la pesca industrial e incluso los pescadores artesanales han ido sistemáticamente pescando a mayores profundidades y en aguas más alejadas. Durante los últimos 50 años, el número de grandes peces depredadores en los océanos ha caído en un 90%. La pesca de muchas pesquerías tales como el bacalao, atún, platija y merluza, han sido reducidas a la mitad a pesar de haber triplicado el esfuerzo en la pesca. Según la FAO, los 4 millones de barcos industriales que navegan las aguas del mundo están en el límite o sobrepasando las producciones sostenibles de tres cuartos del total de piscifactorías oceánicas.

 

Pesca en aguas continentales

 

En aguas continentales también existe importante pesca de captura. A menudo resulta difícil obtener un registro de ella, debido a su naturaleza relativamente difusa, pero actualmente producen al menos 10 millones de toneladas métricas al año. En general, la pesca continental puede tener un mayor impacto con respecto al desarrollo rural. En las llanuras aluviales, muchas personas (incluyendo mujeres y niños) participan en la pesca ocasional, lo que constituye un importante aporte a la proteína animal de alta calidad que puede tener a su disposición un hogar. La extensión de los sistemas fluviales también reduce la distancia de transporte de los productos. Por ejemplo, antes de que pueda ejercer un efecto nutricional en las regiones del interior, el pescado de las áreas costeras se debe transportar distancias relativamente largas, con el consabido riesgo de pérdida y descomposición. Los diques y embalses pueden cumplir un papel similar, especialmente cuando se construyen en áreas donde generalmente escasean otras de masas de agua.

 

Pesca de captura de camarón (by-catch), Este de Florida.

 

La pesca artesanal, tanto continental como marítima, tiende a incluir a los sectores sociales más vulnerables, empujados cada vez más hacia la periferia del modelo de desarrollo como efecto de las políticas de acceso a los recursos naturales y manejo y gestión de la pesca. Frecuentemente constituye uno de los pocos sustentos abiertos a los campesinos sin tierra y a menudo pasa a ser el sustento preestablecido. Por este motivo, a medida que la población aumente y que la tierra tenga una mayor demanda, la gente se verá más presionada a adoptar la pesca como medio de sustento. La acuicultura ofrece hasta cierto punto una respuesta a esta presión, pero está lejos de ser una panacea. Los tipos de acuicultura comunitaria requieren ser propietario de estanques y agua o tener acceso a ellos, lo que a menudo excluye a los más pobres. Probablemente no sea una casualidad que el país más exitoso en el desarrollo de la acuicultura sea China, donde la tierra es propiedad del Estado.

 

El valor total del comercio mundial de pescado y productos pesqueros aumentó a 58 200 millones de dólares EE.UU. (valor de exportación) en 2002, lo que representa un 5 por ciento más que en 2000 y un 45 por ciento más que en 1992. El volumen de las exportaciones declaradas fue de 50,0 millones de toneladas4 en 2002, lo que representa un ligero descenso (1,0 por ciento) con respecto a 2000. El volumen del pescado comercializado se ha mantenido igual en los últimos años, después de unos decenios de aumentos considerables, y no es probable que a corto plazo se repitan las tendencias ascendentes registradas en los años anteriores a 2000. 8

 

Los pescadores y acuicultores representaban en 2002 el 2,8 por ciento de los 1 330 millones de personas económicamente activas en el sector agrícola en todo el mundo, frente al 2,3 por ciento en 1990. Este porcentaje es casi igual en la mayoría de los continentes, salvo en África, donde es sólo el 1,3 por ciento de la fuerza de trabajo agrícola total, y en América del Norte y Central, donde es superior en un 1 por ciento al promedio mundial. La pesca en aguas marinas y continentales dio trabajo a un 75 por ciento del total de los ocupados en el sector pesquero, mientras que el 25 por ciento restante se empleó en la acuicultura.

 

 

 

Seguir a parte 2 - Conflictos que afectan la soberanía alimentaria de los mares

Seguir a parte 3 - La organización mundial de comercio (OMC)

Seguir a parte 4 - Crisis y Gestión del suelo y contrarreforma agraria

Seguir a parte 5 - Acuicultura

Seguir a parte 6 - Pérdida de derechos de la pesca

Seguir a parte 7 - Principio de soberanía alimentaria en la pesca

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