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La pesca artesanal en la discusión de la Soberanía Alimentaria (Parte 2 de 7)

Original publicado por la FAO, Abril, 2006

Documento Publicado mientras el autor era Director de la WFF

 

(...)

 

Conflictos que afectan la soberanía alimentaria de los mares

 

Desplazamiento de flotas de aguas distantes y control corporativo: privatización

 

 Gran red de pesca de mararela. Flota chilena.

 

En el ámbito de la pesca marítima, el principal conflicto potencial se encuentra entre la pesca artesanal, que es costera, y las flotas comerciales mecanizadas que explotan los recursos de alta mar. Este conflicto puede complicarse aún más cuando un país en desarrollo determina que no cuenta con los recursos necesarios para establecer su propia flota comercial y que debería vender sus derechos pesca a otra nación, frecuentemente una nación industrial. Muchos países sufren una suerte de “chantaje” que crea las condiciones para la privatización de los recursos pesqueros nacionales, toman el camino fácil y celebran acuerdos de pesca con países desarrollados, a nivel de país, de empresa o supranacional, como en el caso de la Unión Europea (UE). Los conflictos con la pesca artesanal se refieran directamente a los peces, pero también pueden incluir el impacto de la baja en los precios de los pescados desembarcados localmente por embarcaciones comerciales y lo que es más grave aún, implica la asalarización de las comunidades de pescadores y la pérdida de derechos de pesca para la nación. La agenda corporativa incluye la presión de la Organización Mundial de Comercio, OMC, para que se liberalice le mercado en su totalidad.

 

Existe cierta evidencia de que actualmente se desembarca una mayor cantidad de pescado que antes en los países en desarrollo. Por ejemplo, durante la década pasada, las flotas de aguas distantes representaban cerca de la mitad de la producción capturada en las pesquerías productivas fuera de África occidental.

 

Un factor que complica más la situación es la existencia de subvenciones para muchas flotas de aguas distantes. Cálculos prudentes sugieren que éstas corresponden al 17-25% de los ingresos por concepto de pesca de los países industrializados, pero es mucho menor en los países en desarrollo. La sobrecapacidad generada por las subvenciones ejerce una mayor presión sobre las poblaciones de peces.

 

Concentración de la pesca

 

Los consorcios internacionales han concentrado casi el 80 por ciento de la producción pesquera del planeta. El grupo PESCANOVA de España, opera la más grande flota pesquera comercial fuera de China y posee importantes cuotas en los principales lugares de comercialización de pescados alrededor del mundo, a través de sociedades nacionales ha logrado operar en los cinco continentes desplazando a la industria nacional, adquiriendo derechos de pesca y monopolizando el mercado internacional. En Asia (Japón, China, Corea, Taiwán, Hong Kong, Tailandia, Singapur y Malasia; en Estados Unidos (desarrolla sus actividades en Miami y distribuye para todo el país); 9 Europa Occidental (España, Alemania, Francia, Dinamarca, Holanda, Italia, Inglaterra, Grecia, Portugal y Bélgica); Latinoamérica y el Caribe (Chile, Argentina, Brasil, Ecuador, Perú, Colombia, Venezuela, Panamá, Uruguay y Guayana) y en Europa del Este (Rusia, Estonia, Polonia, Bulgaria, Croacia, Albania, Eslovenia, Lituania y Macedonia).

 

La tendencia actual indica que los recursos pesqueros han alcanzado un valor comercial y social como nunca antes lo habían hecho, razón por la cual -y contradictoriamente- los Estados han iniciado desde la década de los noventa acelerados procesos de privatización de su riqueza pesquera, presionados por los consorcios industriales que reclaman "derechos históricos" y "eficiencia productiva y de inversión" sobre las principales pesquerías. Este fenómeno afecta particularmente a los países ribereños del Tercer Mundo donde el modelo exportador no tiene ningún contrapeso y facilita la extrema dependencia.

 

La privatización de los recursos pesqueros produce cambios en las leyes de pesca en aquellos países donde existen o se generan nuevos cuerpos legales que crean las condiciones previas y necesarias para traspasar los derechos de propiedad a nombre de la nación o de los Estados a terceros (compañías nacionales o extranjeras); crear nuevos regímenes de pesca, generalmente a través del Sistema de Cuotas Individuales Transferibles - CIT - que se caracterizan por la gratuidad con que se otorgan los derechos de propiedad, la perpetuidad sobre la propiedad y el derecho a vender, arrendar y especular en el mercado de futuro con los recursos.

 

Los Acuerdos de Libre Comercio, impulsados por la Unión Europea, Estados Unidos, el Grupo APEC y otros, tantos multinacionales como bilaterales, en el Capítulo de Pesca, siempre exigen que las condiciones de privatización ya estén dadas y ratificadas por los Parlamentos Nacionales, de este modo la inversión extranjera puede realizarse sobre una base financiera sólida. Bajo esta esperanza de inversión extranjera, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y recientemente la OMC, ejercen un chantaje a toda escala sobre las naciones amenazando la supervivencia de las pequeñas y medianas comunidades de pescadores.

 

El interés de los Consorcios Internacionales sobre los recursos pesqueros y la paulatina pérdida de derechos de los Estados y de las comunidades de pescadores artesanales, se explica en el aumento del valor comercial y social de los recursos y en la competencia del mercado para controlar el acceso a la alimentación, convirtiendo los recursos en mercancía comercializable a los más altos precios. Los resultados de tal política tienen un factor universalmente reconocido, el aumento del hambre en el mundo. Los países industrializados aparentemente pescan menos, pero consumen más pescado y los países del sur, pescan más, pero consumen menos.

 

Pesca y descarte: un derroche innecesario

 

Cada año, más de 27 millones de toneladas de peces y otros organismos marinos, casi un tercio de las capturas mundiales, acaban en las redes de las flotas pesqueras como capturas accesorias y, en su mayor parte, son arrojados nuevamente al mar, ya muertos o moribundos. A menudo, las capturas accesorias son el resultado de artes o técnicas de pesca poco selectivas. También se diferencian los caladeros con respecto al volumen esperado de capturas accesorias. Además de los peces pequeños o no deseados, también perecen cruelmente en las redes tortugas, aves marinas, focas, ballenas y delfines, que luego son arrojados por la borda sin ningún provecho. A menudo, la relación 10 entre el pescado "deseado" y las capturas accesorias es absurda. Por cada tonelada de lenguado se producen unas 11 toneladas de capturas accesorias; en el caso de los camarones, para capturar una tonelada de estos crustáceos se llegan a matar hasta ¡15 toneladas de otras especies! Sólo en la pesca del camarón se producen en total unos 16 millones de toneladas de capturas accesorias anualmente.

 

Pequeños peces y crustáceos sin valor económico son capturados por naves pesqqueras junto con especies valiosas, y son descartados. Muchos acaban en las playas arrastrados por la marea.

 

Evitar y minimizar las capturas accesorias supone un elevado nivel de exigencia para la capacidad artesanal del pescador y su equipamiento. El volumen de capturas accesorias también viene determinado por la colocación de los aparejos de pesca o el tipo de fondo marino en cada caso. El pescador debe conocer tanto las regiones con poblaciones de diferentes especies como las zonas de cría y desarrollo de alevines de las mismas. Cualquier pescador sabe que los peces que no han alcanzado un determinado tamaño (el abadejo con menos de 25 cm y el bacalao con menos de 35 cm) aún no han desovado y también sabe como manejar sus redes para atrapar el menor número de peces pequeños. Los peces que hoy tira por la borda como capturas accesorias le faltarán mañana en sus redes.

 

El ancho de malla de las redes utilizadas contribuye a excluir los tamaños no deseados de las capturas, o bien a llevarse por delante todo lo que se cruce en su camino. Las redes de malla pequeña, como las utilizadas en la pesca de camarones, ocasionan un alto volumen de capturas accesorias, pues para capturar estos pequeños crustáceos se atrapan hasta un 90 por ciento de especies no deseadas cada vez que se saca el copo. Este botín, denominado despectivamente "descartes", suele arrojarse por la borda de nuevo al agua.

 

Un método particularmente irresponsable es la pesca con redes de deriva. Como cortinas invisibles que flotan sobre el agua y que resultan imperceptibles para los mamíferos marinos y otros animales, estas redes flotan a la deriva impulsadas por las corrientes marinas o el viento y capturan todo lo que se cruza en su camino: tiburones, tortugas, aves marinas, focas, ballenas, delfines y muchas otras especies no deseadas caen víctimas de este tipo de redes. Aunque el uso de redes que superen los 2,5 km es ilegal, siguen existiendo redes que alcanzan hasta los 50 kilómetros de longitud flotando permanentemente a la deriva por mares y océanos.

 

Técnicas industriales no sustentables

Ya en el siglo XIV existía entre los pescadores ingleses cierta preocupación por los efectos negativos sobre la estructura del fondo marino que pudieran ocasionar las redes que utilizaban. Tres siglos más tarde, sus colegas holandeses incluso exigían que se limitara el uso de redes de arrastre porque este tipo de artes menoscababa la capacidad de pesca de otras redes.

 

Las especies demersales, como el bacalao, se capturan en el mar del Norte o el mar de Irlanda principalmente con redes de arrastre de fondo o de vara, que son arrastradas por el fondo marino. Mientras que en la red de arrastre de vara un larguero o vara de acero se encarga de mantenerla abierta incluso a velocidades lentas, la abertura de la red de arrastre de fondo se mantiene mediante las denominadas puertas de red. Tanto la vara de acero como la puerta de red están en contacto con el fondo y, dependiendo de su peso y las características del suelo, se hunden en el mismo a diferentes profundidades. Junto con otros dispositivos auxiliares como las cadenas de fondo o cosquilleras, estas 11 redes van arando el fondo marino, dejando al descubierto organismos que viven en los sedimentos y sepultando a otras especies.

 

Debido al impreciso método de captura de estas redes, acaban en las mismas una gran cantidad de animales marinos no deseados como capturas accesorias que, una vez izada la red, se vuelven a arrojar por la borda (descartes).

 

La mayor parte de las capturas accesorias mueren a causa de las heridas sufridas durante el proceso. La mortalidad varía en función de la especie y el tamaño: mientras que la mitad de los crustáceos y moluscos no sobreviven a la tortura, en las estrellas de mar la cifra es de aproximadamente un 10%. Sin embargo, en el caso de los peces pequeños o no deseados, las pérdidas se sitúan entre el 70% y el 100%.

 

Aunque no acaben en las redes, también sufren graves lesiones otros organismos que son arrollados y golpeados por los aparejos utilizados, cada vez más grandes y pesados. Hasta un 85% de los moluscos y crustáceos y casi un 50% de los nereidos (una familia de gusanos) y erizos de mar perecen en la zona de arrastre de varas y puertas de red, cuyos efectos aún son visibles meses después.

 

De este modo, el fondo marino pierde también estructuras que constituyen un lugar de refugio para los alevines que viven en el fondo. Las investigaciones llevadas a cabo en las aguas de Terranova han demostrado que las tasas de supervivencia de los alevines de bacalao en zonas cuyos fondos marinos presentan diversidad estructural, son mayores que en aquellas con suelos uniformes debido al uso regular de redes de arrastre de fondo.

 

El último recurso: la pesca con dinamita y cianuro

No sólo son culpables las redes de los grandes buques arrastreros de las flotas pesqueras industriales, también las prácticas de las pequeñas embarcaciones que se dedican a la pesca costera contribuyen al deterioro y la destrucción de importantes hábitat y de sus estructuras.

 

El uso de venenos como el cianuro y de explosivos, sobre todo en el sudeste asiático, no sólo mata a los peces, sino que también destruye los delicados arrecifes de coral y, con ellos, las bases para una pesca sostenible. Debido al lento crecimiento de los corales, que constituyen el hábitat de muchas especies de peces, éstos migran hacia otros arrecifes aún intactos y la destrucción es cada vez mayor.

 

Los piratas del mar: la pesca ilegal

Resulta especialmente problemática la proliferación de la pesca ilegal, no regulada ni registrada, que llevan a cabo sobre todo buques pesqueros que no navegan bajo la bandera de su país de origen. Estos buques arrastreros, bajo las denominadas banderas de conveniencia como las de Belice, Honduras o San Vicente, faenan sobre todo en regiones remotas y difícilmente controlables, como los mares del polo sur, o en las costas de países cuya situación no les permite mantener una vigilancia de sus aguas territoriales.

 

Donde se pesca ilegalmente o no se controlan las capturas, resulta prácticamente imposible proteger los recursos pesqueros o explotar dichos recursos de modo sostenible. Se estima que, en algunas especies, las capturas ilegales representan actualmente un 30% del volumen total de capturas. De este modo, la pesca ilegal e 12 incontrolada es también responsable de la sobreexplotación de importantes recursos pesqueros y, en determinados casos, puede contribuir al agotamiento de las especies.

 

Los armadores evitan todos los controles e incumplen los acuerdos de pesca porque estos países no ratifican los correspondientes acuerdos o convenios y no ejercen ningún tipo de control sobre sus flotas. A menudo, los verdaderos propietarios de los barcos residen en Japón, Estados Unidos o en países de la Unión Europea. Las consecuencias de estas prácticas pesqueras las pagan.

 

Las consecuencias de estas prácticas pesqueras las pagan los pescadores, especialmente los de los países más pobres. Mientras que la riqueza pesquera de las aguas costeras del África occidental ha alimentado durante generaciones a los pescadores y sus familias, hoy ven como sus aguas son explotadas mediante la pesca industrial, tanto legalmente por las flotas pesqueras internacionales, como ilegalmente.

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