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Los tigres, seres maravillosos en la cultura sápara

Instituto Metropolitano de Diseño, Quito.

Texto producido en el Marco del Conversatorio sobre la "Vigencia de las creencias sagradas de los pueblos indígenas" y el Pre-estreno del documental Shimanu, entre lo sagrado y lo profano.

En esta intervención voy a referirme a los tigres como seres maravillosos en la cultura sápara. Mencionaré las hazañas de tigres maravillosos a través de tres relatos: el uno, que es el relato pan amazónico sobre el origen de luna y de los luceros, el segundo relato, que plantea la desaparición del tigre negro, Yasuka o Kaki Imatiña con la desaparición de la selva misma y de toda la vida sobre la tierra y el tercer relato de carácter autobioráfico. Revisaré en un cuadro las hazañas de algunos tigres maravillosos y finalmente, presentaré el vocabulario referido a los tigres.

Puma

Los tigres – propiamente los jaguares- son concebidos como los animales más poderosos de la selva y están asociados al mundo espiritual y a los poderes shamánicos. La cacería en general y, la del tigre en particular, es peligrosa, no sólo por lo que el poderoso animal representa, sino porque su cacería está precedida de diversos rituales de purificación, que por sí mismos entrañan riesgos: los errores que puedan cometerse en su realización puede traer fatales consecuencias, entre otras, la muerte del propio cazador o de algún pariente.

En la cultura kichwa el tigre se agrupa conceptualmente con el perro y con el oso de la selva o kich. ukumari. No he podido descifrar si esta asociación u otra similar ocurre también entre los sápara.

Entre los sápara los jóvenes varones se realizan una pintura facial que representa los rasgos del tigre. Esta se hace con el kich. witu o Genipa americana. La pintura de tigre, según la autopercepción de los sáparas, es distinta a la de los andoas. Los andoas, para hacérsela, igualmente usan la Genipa americana.

Los shamanes se “convierten” en tigres, o en sus huellas. El suegro del dios Tsítsano, reputado shamán, le entrega al héroe una lanza –tigre y el mismo Tsítsano posee los atributos de un cazador excelso y es equiparado con los tigres. En el mito de Kareka y Nareka, al que me referiré con algún detenimiento, la joven hermana de Luna y madre de sus hijos, va a dar a la casa de la Madre de los Tigres. En este mito tiene lugar la salvación de una hembra preñada, con lo cual se asegura la sobrevivencia de la especie

Jaguar o tigre americano

Los espíritus Juri Juri, cuando se presentan ante las personas lo hacen con rostros humanos pero poseen un rostro posterior, que es el de un tigre.

Alba Moya (2007: 133) trae en su etnografía sápara el mito “Ripanu, hombre valiente”, en el cual se narra que de dos gemelos, solo uno, el llamado Ripanu, podía matar a los tigres. En señal de su habilidad llevaba un collar hecho de dientes de tigre[1]. De hecho jugueteaba con los tigres. Cierta ocasión su hermano quiso matar a un tigre, pero no pudo hacerlo; en eso, llegó Ripanu quien lo acabó. Sin embargo, en esta hazaña Ripanu murió, razón por la cual en la actualidad no hay cazadores como aquel.

Dos relatos maravillosos:

Kareka y Náreka

En las distintas versiones del mito referido a la existencia de Luna en esencia se habla de la relación incestuosa entre dos hermanos, que,como fruto de esta relación se convierten en los padres del Lucero de la Mañana y el Lucero de la Noche, llamados en sápara Kareka y Náreka y en kich. Kwillur y Duceru o Lucero. En el relato del joven sápara Pedro Escobar, los gemelos son mencionados con sus nombres en kichwa, Kwillur y Docero. En esta misma versión se menciona a tres familias, de las cuales solo se identifica a una, la de los hermanos incestuosos. El hermano, prendado de la hermana, la visita por las noches. La joven, queriendo descubrir quién es su amante nocturno, pinta la cara de su hermano, con witu, con el fin de identificarlo. El joven, cauteloso, acude el río para que los peces carachamas o sáp. masaraka le laman la pintura del rostro y no queden huellas de los encuentros prohibidos. Esta escena se repite constantemente hasta que las carachamas se niegan a lamerle al joven, con lo cual la indeleble pintura no sale y el joven se siente amenazado porque su relación va a quedar al descubierto. El muchacho, al verse que se conocerá la relación con su hermana, decide subir al cielo para convertirse en Luna. El joven asciende al cielo impulsado por el aleteo de los pájaros, tocando una flauta, cuya melodía es escuchada por la madre quien, por este hecho, ya conoce el desenlace que va a tener su hijo.

Al ver que el hijo se aleja, la madre descubre el incesto. La madre decide castigar a la muchacha y desaparecer de la vida de la joven. La muchacha, sola, sin su hermano-esposo y sin su madre, decide indagar hacia dónde ha partido la madre. La joven, embarazada de gemelos, decide ir en su búsqueda y camina por la selva, preguntando a los pequeños -que se encuentran en su vientre-, el camino a seguir. Los niños le indican la ruta, pero también se enojan con ella, hasta que finalmente la muchacha termina en una casa, en medio de la selva, que es la casa de Suso, la Madre de los Tigres y sus hijos.

Pantera negra

La madre de los tigres, para evitar que sus hijos descubran a la joven, la esconde bajo cantidades de maíz, que la joven mastica y luego escupe, por lo cual los tigres adivinan su presencia. La muchacha se convierte en la esposa de uno de los tigres quien le pide que le espulgue las garrapatas. La joven, llena de asco, escupe las garrapatas, por lo cual es matada por uno de los tigres y, cocinada. Allí es cuando es dada como comida a sus propios hijos. Suso solicita a sus hijos que le entreguen los huevos, es decir, los niños que permanecían en el intestino de la madre. Los niños crecen de pronto, de modo extraordinario y, acompañan a la abuela Suso en diferentes labores como cortar la leña o traer agua. Tras su aparente docilidad los niños deciden tomar venganza. Matan al abuelo tigre y lo embalsaman. Los niños dan de comer a los tigres de la carne de su padre que, en este relato es nombrado como Yana Puma, en kich. ‘tigre negro’ y que, como se verá en el relato sápara referido a este tigre mágico, Kaki Imatiña, es el ‘dueño de los animales’ de la selva primaria. Los tigres hijos de Suso quieren matar a los niños quienes se salvan porque se trasforman en periquitos y escapan volando. Los gemelos, por su parte, deciden matar a los tigres, destruyendo un puente que les servía para cruzar el río y que provoca que todos los hijos tigre caigan al agua y mueran. Una hembra –a veces confundida o nominada como Suso, que estaba preñada de todos los tigres, logra salvarse de la trampa pues ella había cruzado el río con anticipación. Los gemelos deciden seguir su camino en busca de su padre. Para ello deben atravesar el río. Primero le piden a la Abuela Lagarto o caimán, sáp. manari [2]que los pase. Káreka (o Kwillur) advierte a su hermano menor, Náreka (o Docero) que no le fastidie a la lagarto, durante la travesía. El hermano menor no cumple con la advertencia. La Lagarto le corta la pierna a Náreka y lo abandona en la playa.

Tigrillo

En alagunas versiones se describe un nuevo encuentro y, en esta ocasión, es con la anciana Gusano de Río. Nuevamente el hermano menor desoye la advertencia de no fastidiar a la abuela y es tirado al río.

Luego de que el hermano mayor es arrojado a la playa (en cualquier de las versiones), Káreka, el mayor, lo busca, y reconoce su oreja sobresaliendo en la arena, en la forma del hongo alas[3]. Káreka pega la pierna de su hermano menor y los dos hermanos siguen el viaje por el río[4] hasta llegar al lugar donde estaba Luna, su padre, quien les impone sus respectivos nombres. En otras versiones, Luna da la orden de que Káreka aparezca por el oriente toda la noche y Náreka por el occidente, hasta la media noche.

El papel del tigre maravilloso Yásuka imatiña o Kaki Imatiña

El tigre Yasuka Imatiña ‘tigre danta’ -o Kaki Imatiña ‘tigre negro’ - es el custodio y protector de los animales y aves de la selva intocada. La destrucción de Yasuka Imatiña y de su entorno es percibida como “el fin del mundo”, esto es del mundo de la selva y las complejas interacciones de sus seres vivos con los sápara, de donde se infiere que el mundo se acabaría no sólo para los animales sino para los propios sápara. En esta narración se menciona la existencia de dos geografías, llamadas en el relato “reservas”: una donde vive la gente junto a otros animales y otra donde vive Yásuka Imatiña (o Kaki Imatiña) y los animales de la selva. Este relato fue hecho por varias personas al mismo tiempo y lugar: don César Ernesto Santi, don Marcos Grefa y el señor Andrés Ushigua, hijo del ya mencionado shamán Blas Manari Ushigua y hermano de Bartolo Ushigua. He conservado cada una de estas intervenciones, cuando ocurrieron.

Laopardo nebuloso

El aporte de Andrés Ushigua es particularmente importante porque él es uno de los cazadores sápara más reputados en su comunidad y en el área. El mismo Andrés Ushigua me confirmó que en esta área de selva virgen está prohibida la cacería y que la conservación de la misma constituyó el gran proyecto de su padre, quien en sus esfuerzos por consolidar un territorio sápara, visionó la importancia de mantener esta área como un legado para el presente y el futuro de su pueblo. Conducida por los narradores llegué hasta los límites de esa selva intocada, sin llegar a penetrar en ella, por lo cual no pude ver el territorio de Kaki Imatiña, un cerro llamado en kich. Supay Urcu, ‘cerro del espíritu’ o Supayu Ruku ‘cerro anciano’ e incluso Rupay Ruku ‘viejo quemante’, como a veces lo llama Marcos Grefa.

En este relato es decisiva la intermediación del shamán con el cazador, y son los sueños del shamán, inducidos por alucinógenos, así como los sueños del propio cazador, quien a menudo también es shamán, los que permiten ubicar o “ver” a las presas. En el relato del cazador Andrés Ushigua los tigres, no mueren cuando se les apunta al corazón y, por el contrario, “tienen más vida”. Los tigres comparten con los shimanus y con los cazadores shimanus, rasgos que los igualan. Cazadores y shimanus toman alucinógenos para ver a los tigres y a otros animales. La frase de Andrés Ushigua “Los tigres también sueñan”, significa que tigres y personas toman ayahuasca para “verse” mutuamente.

En este relato Andrés Ushigua advierte que el cazador puede comer cualquier carne, excepto la de tigre. Sin embargo, él mismo, como cazador de tigres, comenta que si un hombre ha cazado un tigre sí puede comer de su carne. Este acto constituye una especie de íntima interacción entre el espíritu del cazador y el del tigre, gracias a lo cual el cazador obtiene enorme poder y habilidades como cazador. A menudo los hombres, y los cazadores en particular, se pintan la cara con los símbolos del tigre; para ello emplean witu y/o achiote (Bixa orellana). La pintura facial tiene el mismo propósito: adquirir la fuerza, el valor y la astuta inteligencia del tigre.

No deja de ser aleccionadora, al tiempo que estremecedora, la idea de que la destrucción de la selva primaria constituiría una hecatombe y un verdadero “fin del mundo”.

Yásuka Imatiña[5] y el fin del mundo

(Recopilado por Ruth Moya, de los narradores César Ernesto Santi, Marcos Grefa y Andrés Ushigua, Llanchama Cocha, 2004)

(César Ernesto Santi:) “Hay dos reservaciones [reservas] de ellos, de los animales. No es un parque nacional para los turistas. Allí hay bastantes animales y a ese lugar no se va a cazar.

Hay tigres grandes, Imatíña Yásuka -en sápara- y Wagra Puma en quichua. Son tigres grandes, del porte de la casa [señalando la puerta de su casa]. Este tigre no es un dueño, es un comedor de animales. Cuando sale el Wagra Puma se acaba este mundo… Por eso, los dueños de los animales no lo sueltan”.

(Marcos Grefa:) “Antes, cuando ha habido los Wagra Puma, éstos han sabido [solían] comer a cuarenta personas. ¡Se comía a las personas, con todo y casa! El Wagra Puma es negro, como wagra[6]. Ya se han ido acabando [estos tigres]...[7] Los anteriores [las personas antiguas] tomaban wanduh[8] y, así lo cogieron preso, dentro de la loma. Con la ayahuasca[9] los shamanes veían por dónde es que sale el Wagra Puma. Para encontrarlo hay que soñar. Se aparece en sueños como un Jatun Ruyak [Jatun Yurak][10], o árbol grande, que pasa parando [deteniendo] a las personas, desde la loma. Ese [el Yasuka Imatiña] es lo más seguro para terminar con la vida de una persona, porque ésta no se escapa. ¡Es tan grande!

Ocelote

Esta parte de la loma es Supay Urku. Ahí hay muchos de los animales grandes, los tigres.

El Rupay Ruku, es como persona, es negro, es el dueño del Wagra Puma. El Supai Ruku[11] tiene agarrados a los animales con cadenas, para que no se salgan del monte. Sobre todo los shamanes los tienen calmados, para que no salgan. Hay otros tigres que están adentro: el Inchi Puma, el Karu Karu Pintátu, el Puka Puma, el Yana Puma, el Chuba Puma, el Sacha Puma, el Algorún [algodón] Puma. Esos son los [tigres] grandes que no se encuentran afuera y están tapados [ocultos] en el monte. Cuando [los tigres] se salen del monte, donde están tapados, se ha de acabar este mundo porque tienen hambre…

Hace 15 años años se oyó llorar[12] al puma. El suegro mío tomó ayahuasca y ha visto al Wagra Puma, que estaba llorando por el hambre, porque no [lo] sueltan [soltaban] los dueños.

Por fuera del cerco[13] hay el Yana Puma, que es ese pequeñito, no [es] grande.[14] En esta parte, no hay leones.

No he visto al Wagra Puma porque ya está embodegado. Anteriormente sí ha andado [por aquí], ahora no. Por eso, anteriormente, los dos [Wagra Puma y Yana Puma ¿?] han ido amenazando porque los tigres comían a las personas.

Cuando la mujer se ha ido [se iba] a la chacra, el tigre la cogía y la comía. Le comía a la persona.

Dentro de [la] loma hay pavos[15], pavas[16], paujiles[17]. Todos están tapados en [la] loma, pero no [los] sueltan los dueños.

Aquí en este mundo hay todo tipo de mono: kutu, chorongo[18], makisapa[19], barísa[20], chichiku[21]. Los [tigres] negros son los dueños. Los shamanes toman la ayahuasca para ver qué [animales] hay. Para ver eso [a los animales] los [tigres] negros cobran, ellos pueden decir .por ejemplo: _“Dame tu guagua, para sacar (a) los animales”, pero los shamanes no aceptan. Ahì queda todo, porque no hay arreglo.

El shamán avisa al cazador si puede salir al monte. A veces el shamán ve que las cosas están mal en el monte, entonces (el cazador) no sale. El shamán es importante, poderoso.

Los mundos son dos: el de Supay Urku, donde está el Yana Puma, pero no sale siempre, [ya que] está tapado.El otro mundo es este mundo.

Los shamanes veían que los animales salían de noche, como a las dos de la madrugada. Los dueños los llaman para que coman. Los llaman según su nombre. Luego que de salían a comer los recogían. Entonces… todo mundo: ¡Adentro!

La amaru no tiene dueño. Los shamanes pueden tener a las amarun. Cuando toman ayahuasca, reconocen a las amarun buenas. Cuando hay amarun malas, los shamanes se van más adentro, porque pueden comer [los], porque son amarun malas.

Hay dos clases de amarun: amarun buena y amarun negra, que es la más mala. Las amarun malas son nina amarun[22] porque matan cuando están afuera[23], queman los árboles. Como fuego queman, porque tienen mucho calor, por calor matan a los árboles; como escopeta disparan, pero por eso no se (les) acerca nadie, porque como son boas, le han de coger y le han de comer [a la persona].

(Andrés Ushigua:) Los cazadores comían la carne de danta, de venado, de sajino, todas las carnes. El único que no se suele comer es el tigre. Sólo el cazador puede comer carne de tigre, y ésta es cocinada por el mismo cazador. Sólo se come los medios de las patas, el corazón.Se bota las tripas para los perros, para que se hagan valientes. No se come ají después de comer carne de tigre; sí se come con sal, porque es picante. Es prohibido el sexo por cinco dias. No dormimos con mujeres. Dormimos aparte.

Ahí se sueña. Sabe dar sueño. Se sueña cómo se va a enfrentar uno con algunas personas, peleando. Son bravos esos tigres. Los tigres enseñan…

Antes yo tenía un tigre chiquito que me encontré y me reconoció.

Al único tigre al que le tenemos miedo es a ese grandote. Por eso conseguimos esa carabina, para matar al tigre nomás es, no se usa para otro animal.

Cuando se come tigre, ese también es cazador. A veces tenemos un tigre y duerme con nosotros mismos… Ellos, los tigres, no saben morir cuando se les apunta al corazón porque tienen más vida.

Los tigres también sueñan. Cuando se toma ayahuasca se ve a los tigres que están en esos montes…

Abajo está mi purina. Allí están unos tigres que lloran como toros. A esos se les ve sólo con ayahuasca. Eso me contaba mi papá…Él mismo soñaba y me dejaba continuar mi sueño.

Los sápara decidimos no apoyar a la OPIP sino sacar otra organización.Toca defender esas tierras y aunar, juntar los dos parques[24].”

(Marcos Grefa:) “Sólo entran los colonos… ¿Dónde van a vivir mis hijos? ¿Mis sobrinos?”

Relato autobiográfico: Mi abuelito y su tigre

La señora Nema de Vargas (Jan, 2004) me hizo un relato personal que aquí he intitulado “Mi abuelito y su tigre” y que lo documenté con anterioridad (R. Moya, 2009: 82). En este breve texto, pero no por ello menos denso, se habla de esta relación mágica del abuelo, que se sobrentiende es un shamán, con su tigre espiritual. El tigre, al morir el abuelo, sale al exterior, y puede ser tomado, en principio, por otro shamán (en este relato el otro shamán es Joaquín). En la cultura sápara el shamán puede “soplar”, a través de su bodoquera, flechas mágicas y posee el poder para sanar o dañar a personas o lugares. La pregunta al shamán Joaquín de si éste “ha soplado de ese poder” hacia la comunidad sápara de Mazaramu inquiere acerca de si el shamán ha hecho o no uso de su bodoquera maravillosa para enviar sus flechas mágicas. El tigre espiritual del abuelo no se queda con el nuevo shamán y “regresa” donde su dueño. En el relato también se explica que cada shamán tiene su “propia piedra”, que es una piedra mágica que primero debe ser soñada mediante la ing